Primera Sumergida: Gabriela Cabezón Cámara
Segunda Sumergida: Soledad Barruti
Tercera Sumergida: Juan Solá
Idea y acompañamiento: Antonela Andriola y Franco Palacios Beltran
Reivindicamos el orgullo por las aguas marrones.
Durante demasiado tiempo aprendimos a desconfiar de ellas.
Nos enseñaron que el agua transparente era sinónimo de pureza y que el marrón debía evitarse.
Así, generaciones enteras crecimos sin entrar a los ríos y arroyos que forman parte de nuestro propio paisaje.
Pero las aguas marrones no son un error.
Son el color de los sedimentos que viajan desde las cuencas altas, de los humedales, de la materia orgánica de sus fondos, del barro fértil que sostiene la vida. Son el color del Río de la Plata, del Delta, del Salado y de tantos arroyos de la llanura rioplatense.
Son el color de un territorio vivo.
Las Sumergidas nacen para recuperar esa relación perdida.
Nos encontramos para entrar al agua juntxs, porque el miedo también es una construcción colectiva y creemos que solo colectivamente podemos transformarlo. Nos sumergimos para volver a confiar en nuestros cuerpos, en los ríos y en los paisajes que habitamos.
Cada inmersión es un gesto de reparación.
Vemos imposible cuidar aquello que solo conocemos desde la orilla. Entrar al agua modifica nuestra percepción del territorio. Nos recuerda que no somos espectadores del paisaje, sino una especie más entre las muchas que lo habitan.
Defender las aguas marrones es defender otra manera de mirar.
Una mirada que reconoce belleza donde antes veía amenaza. Que encuentra vida donde otros solo ven turbidez. Que entiende que la transparencia no es una condición de la naturaleza, sino un ideal cultural que muchas veces nos alejó de nuestros propias oscuridades.